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FORTUNA

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Delante, el Ave Roja planea, se eleva y danza”…

Al norte -de su vida -tal -como es –ahora, las lavandas serpentean por ambos lados del sendero sinuoso. Allí el sol arde al mediodía.

En esa dirección ha visto a un niño pasar fugazmente. Al principio no fue así, pero ahora se detiene frente a ella sonriendo, se inclina con las pequeñas manos unidas, saludándola con cortesía antes de seguir su camino. Sakura le encuentra un aire familiar, pero no logra saber a quién se parece su alma antigua. Es como tener  una palabra en la punta de la lengua.

Nunca han hablado. No se detiene mucho tiempo.

Lo vio por primera vez un día del noveno mes del calendario lunar. Se quedaron mirando de hito en hito con la extrañeza de un reencuentro inesperado. De pronto, se oyó muy cerca la voz de la madre que lo llamó por su nombre, y él echó a correr a su encuentro. Seguir leyendo »

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“…Y cuando me hable
de un cielo oscuro, de un paisaje blanco,
recordaré
estrellas que no vi, que ella miraba,
y nieve que nevaba allá en su cielo….”

Sakura hace la danza del Tai chi en la Casa de Té de Kokoro no niwa, al terminar agradece la paz que recibe.

Desde allí puede ver todo el parque. Kanto no está en la Isla de la Tortuga ni en el sendero flanqueado de mirtos.

Lo encuentra en el Taller del Maestro Imperfecto, enseña a un aprendiz a hacer un bonsai.

Sakura observa terminada la talla del hombre haciendo zazen. Desde el corazón de la madera las manos del meditante hacen el Mudra de la Mariposa. Seguir leyendo »

LA CASA DE LOS CRISANTEMOS

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Al este, la Casa de los Crisantemos.

Le otorga un nombre, es importante, luego la dibuja en su mapa. Pequeña, blanca. Llena de gracia. Con un jardín de crisantemos amarillos. Y rosas.

Después declara que allí está su memoria ancestral, también es importante decirlo; decir que no está deshabitada, que vive en ella la herencia espiritual de todas las mujeres de su línea materna.

El sentido…

Imagina que entra. Podría recorrerla a ciegas.

Es la casa de la Señora Susaki. Una casa que representa el lugar al que todas las mujeres, no importa cuántos años tengan, quieren ir cuando buscan amparo. Seguir leyendo »

LA LENTITUD

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Comer lento.

Caminar lento.

Vivir lento.

Así, sin más. Sakura pasea. No hay nada más importante que hacer.

Se encuentra con personas que no ve hace tiempo. Les habla, las mira, las escucha.

La cortesía también es lenta.

Compra almácigos para su huerto. Seguir leyendo »

DISCERNIMIENTO

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Abrió los ojos. No es extraño. Su maestro la quiere despierta.

Una suave lluvia de flores de cerezos la empuja con fuerza hacia la conciencia.

La paradoja…

Se sitúa frente a los pensamientos que vienen. Los observa. Los deja ir.  Dicen al pasar que estar presente es deconstruir y componer el relato de la vida. Que se puede usar el lenguaje para generar otras realidades posibles. Que todo está disponible.

Rituales, imágenes, símbolos, metáforas. ..

Avanza. Se sitúa más cerca de la orilla de su propia vida. La señalética del mundo muestra otra dirección; no es una campana de viento movida por la brisa ardiente; tampoco hay en el duelo un cuestionamiento por la muerte de su Amada Peregrina (¿Quién es ella para hacer eso?), lo que pasa es, naturalmente, que ha perdido memoria y territorio.

Se propone algo. Seguir leyendo »

OTRAS FLORES DE CEREZO

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Sakura ha perdido la llave de la casa de la Señora Susaki. Ahora es un espacio vacío sin su madre. No puede entrar.

La tristeza…

Cierra los ojos. Duele. Duele imaginar ese espacio vacío, pero es un primer paso; el segundo, llenarlo.

Un delgado hilo de agua fresca comienza a brotar en su Jardín de Piedra Interior. No es ni remotamente un arroyo o un río, pero lo deja correr.

Soltar, jugar, crear…

Con los ojos cerrados, prueba a llenar el vacío con flores. Y, de improviso, suavemente, comienzan a llover flores de cerezo sobre la casa de la Señora Susaki.

La asombrosa imagen Seguir leyendo »

DUELO

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Nuevamente acudió Sakura al espacio interior entre el seto y el bosquecillo de bambú, y una vez más fue una montaña acompañada de otras montañas.

El padre de una de ellas también se había marchado recientemente al Lugar de las Hojas Incontables. Cuando Sakura lo supo, recordó a su Amada Peregrina, y sintió compasión.

(¿Habrá llegado su madre al Templo del Dragón Apacible? ¿Paseará en completa paz la señora Susaki por el Jardín de la Grulla que Vuela?)

Sakura hizo zazen, y siendo una montaña doliente abrazó a la otra montaña doliente. Así fue como ese duelo Seguir leyendo »