“Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas…”
(Oda al día feliz/ Neruda)
Todo eso le ocurría a Espuma de Líquido de Jade,
ella disfrutaba libremente de la luz de su maestro.
Y ahora, por primera vez,
tenía un indicio de su presencia.
Así es, por un fugaz instante.
pensó a Tobi Ishi pensando.
Pero, no era suficiente para darse cuenta.
Se acercó sin hacer el menor ruido, y observó.
Nada.
Entre el seto y el bosquecillo de bambú sólo vio un claro.
Ni un alma entre la hierba.
Entonces,
sencillamente se sentó.
En vez de ir cerca del río como hacía siempre,
se sentó allí,
en el claro entre el seto y el bosquecillo de bambú.
Así ocurrió que estando toda ahí reparó en una brizna de hierba,
no porque luciera más verde que las otras,
sino porque fue en esa en la que fijó su atención.
El viento la agitaba de vez en cuando.
Un movimiento pequeño y fascinante…
Entonces, claro está,
en ese momento y en ese lugar,
nada fue más importante que
una brizna de hierba estremecida por el viento.
Son las cosas del zazen…

Suele ocurrir querida amiga que esa única y especial brizna de hierba, o esa rosa, como dijo un pequeño príncipe, son las esenciales, las de la Mayor Importancia.
Y ahí está nuestra querida Espuma, queriendo ser quizá la guía de esa pequeña brizna de hierba.
Como siempre, un placer leer tus entregas tan bellas.