
“Entonces no deseaba en mis tinieblas
nada mejor que (…) una sabiduría y un poder supremos
que me desenmarañasen las espontáneas creaciones de mi fantasía.
Esta tarea la emprendió Filemón a quién,
en este aspecto, nolens volens,
tuve que reconocer como maestro del alma.”
(C. Jung /Recuerdos, sueños, pensamientos)
Como hemos dicho,
Espuma de Líquido de Jade tenía un maestro
que era como las piedras que marcan el camino.
Tobi ishi.
Vivía muy cerca de ella,
en un pequeño espacio entre el seto y el bosquecillo de bambú.
Allí hacía zazen…
Practicando zazen,
su maestro podía ver las cosas tal como eran en realidad.
Espuma de Líquido de Jade
era afortunada.
Sin embargo,
no lo sabía.
Tobi ishi llegó sin ruido a su vida,
discreta y oportunamente.
Pero, como suele ocurrir en estos casos,
aunque el discípulo no pueda darse cuenta,
de igual modo florece libremente al abrigo de la amorosa luz del maestro.
Entonces,
los alimentos le saben más buenos.
El agua, más fresca.
Ya no se enfada por las cosas que antes le irritaban.
Y simplemente se alegra por ello.
Su maestro también.
Afortunada Espuma Líquido de Jade.
Una conjunción ajena a cada uno se construye, se conforma para que aparezca como un lucero, como un cometa de visitas lejanas, quien ilumine nuestro camino.
Me encanta la inocencia de Espuma, que no reconoce a su guía y sin embargo es feliz estando en su ámbito.
Muchas gracias amiga Niée, como siempre cautiva con su delicadeza.
Lo importante es estar abierto a las señales que nos llegan, formar parte de ese encadenamiento, no romper la trama… incluírnos de tal modo que la energía fluya… motivo suficiente para la serenidad de la alegría…
Me alegro por Espuma…
Un abrazo