…hoy
pregunto
pregunto antes de dejar que la muerte selle los reencuentros
si no es este atrás otra dirección posible
y su huella un derrotero
una vigía…
La dirección de la infancia, Leonardo Torres Londoño
Como en otra madrugada ya lejana,
Suiko despertó con un nombre posado sobre los labios,
como una garza pequeña y desvelada.
Buenos días, Mitsuo.
Buenos días, Señorita Kuei…
El sol brillaba muy alto cuando,
de pie bajo la cancela del jardín,
vio a la Señorita Kuei.
Tenía un ramo de peonías blancas en las manos…
Con la misma emoción,
se inclinaron una ante la otra para saludar.
Bienvenida,
Señorita Kuei…
La estación quedaba lejos,
Y la joven estaba cubierta de polvo.
Suiko preparó el baño de la infancia,
en una bañera de ciprés, bajo la sombra de un arce barrido por el viento.
En el agua tibia puso flores de lavanda, hojas de salvia, romero,
y sal gruesa de mar.
Así lavó del cuerpo de la viajera el polvo del camino
Y los pequeños pesares de su nueva vida de casada.
Agua…
Era el aniversario del nacimiento de Suiko,
en el Año del Conejo de Agua.
La joven Señorita Kuei había viajado
desde la lejana provincia en que vivía con su esposo,
el Señor Iwakura.
Y, en el sentido wabi de la vida,
trajo a su madre un ramo de peonías blancas…
En el Salón Luminoso,
Suiko agradeció a sus ancestros,
la fortuna, la belleza…

cada día deberíamos preparar el baño de la infancia para quitarnos el polvo del camino, para cubrirnos con él al día siguiente…
muchas gracias por el diálogo
un abrazo agradecido