La ermita se erguía al pie
de un arce centenario;
como era otoño,
las hojas de aquel hermoso árbol
cubrían el techo de paja
con techumbre de oro.
(El último amor del príncipe Genjí
M. Yourcenar)
Lo sabemos bien,
tanto su maestro, Tobi ishi,
como el Señor Arco del Mediodía
tenían propósitos para ella.
Unos mejores que otros…
Por lo pronto,
Tobi ishi esperaba con paciencia que Suiko decidiera asistir
al Conversatorio de la ermita de las perlas.
En consecuencia, facilitó las cosas,
Y lo hizo todo sencillo,
como si él caminara con una lámpara encendida
delante del palanquín que la llevaba.
Su maestro era como las piedras de un camino sinuoso…
Así las cosas,
Suiko no tuvo dificultad en encontrar
el misterioso interior del interior del jardín hacia la grulla que vuela.
Y una vez allí,
entre personas conocida y otras por conocer,
el Señor Cascada de Hilos Blancos
la recibió con cortesía,
Y dio la bienvenida a todos con un cuenco de té.
Shiraito –taki era un anfitrión amable y generoso…
Primero, como es tradición,
conversaron del té,
y luego, cuando todo placer fue saboreado,
alguien dijo algo, y otro agregó algo más.
El caso es que de pronto conversaban, escuchaban, se tocaban el corazón,
y se miraban,
respetando cortésmente el turno para participar.
Cada uno de ellos estaba presente,
Y prestaba profunda atención al otro.
¿Dónde está la Verdad?
¿Qué hacer si la fortuna nos lleva a contemplar una mínima parte de ella?
Preguntó Shiraito –taki, cuando se acercaba la hora de las sombras y los contertulios sólo eran trazos de azul sobre la hierba.
Y alguien dijo:
Quizás posada sobre el Sumida-gawa,
como la Luna llena.
La vemos desde los cañaverales,
y cantamos por eso.
Cuando las nubes la ocultan,
la llamamos,
Por favor, ven…
Y a veces,
a veces,
Ella viene…
![57390[1]](http://marcelahadar.files.wordpress.com/2011/11/5739011.jpg?w=300&h=200)
Como siempre, deleitas a tus lectores con tus hermosas palabras, que a simple vista describen una escena sencilla, mas, revelan en el fondo tantas complejidades, como la vida.
Tus relatos son como la vida. Un tanto más pausados de lo que acostumbra ser ésta, pero llenos de música, de sensaciones, de sentimientos, de verdad, como es ella.
La verdad, tan relativa para todos y tan única para uno. Tan evidente como oculta. Tan necesaria y sin embargo, tan esquivada.
Sobre la verdad, te dejo un relato que me recordó tu texto y que creo te pueda gustar. http://www.youtube.com/watch?v=veU1LpQQxqA
Saludos Niée.
http://eternoantagonista.blogspot.com/
Conversar es, pues, tocarse el corazón… muy bello, y espero que así consideres nuestros intercambios virtuales, ya que así lo haces.
Un abrazo