
Un guiño cariñoso para mi amiga T.
Toda mujer necesita una tía Afrodita para que le explique oportunamente algunas cosas sencillas que muchas veces las madres no explican a sus hijas, por pudor, por miopía o por simple distracción.
Nunca porque no saben.
De hecho, mi madre era una mujer distraída, y de espíritu impresionable. Eso lo infiero porque me puso un nombre, lo olvidó dos días después del bautismo, y me llamó por otro, y porque me expulsó de su vientre sin decir agua va, nada más oír por la radio la noticia del magnicidio de un gobernante ni siquiera de mi país, en que algo tan horrible ocurriría algunos años después, sino de otro.
Pero, allí estuvo la tía Afrodita, la de los ojos de lechuza, para asirme al vuelo, y apenas pude comunicarme comenzó a usar un divertido método para enseñarme asuntos de suma importancia en mi vida futura.
Me juraba que era griega, que las piedras lisas, blancas, y de perfecta forma que atesoraba en frascos llenos de arena, las había recogido de niña en una playa de Folegandros. De paso, me enseñó a buscarlas en las playas de mi vida, a amarlas, a acariciarlas, y a decir una plegaria con una piedra entre las manos, para después pasarla suavemente por mi vientre.
Allí está tu alma; no en el pecho, me decía.
Siempre estuvo cerca, en todas las etapas de mi vida, y me contó algunas historias, la mayoría de ellas que mi madre reprobaba recriminándole que me “abría los ojos”, pero la tía Afrodita se declaraba inocente, y le decía: “Deja, mujer, no te amargues, para que los dioses conserven tu belleza, y cuando ya no te sirva de nada, se la dejes a tu hija que de algo podría serle útil”.
En fin, si me dejó o no su belleza es un asunto discutible, pero no lo es señalar que, en efecto, la tía Afrodita me abrió de par en par los ojos.
Mademoiselle Nièe:
Me ha fascinado su relato.
Me encantò.
Serà porque mi propia existencia ha estado siempre apuntalada por mis tìas, en ausencia de la madre.
Pero la tìa Afrodita del relato, aparte de singular, tenìa conocimientos profundamente sabios.
Su relato es simplemente precioso,atractivo y estimulante…
Habràn màs historias de esta tìa?
Gracias por tan grato momento
Un relato que solicita de inmediato nuestros propios recuerdos. Los tìos y tías que me faltaron por vivir en otra ciudad. Los tíos y tías que faltan a mis hijas por vivir en otro país. Una ausencia doble y terrible; ¿cuántas cosas habré dejado de aprender? ¿qué parte de mi quedó para siempre oculta? ¿Mi ceguera tendrá en esta falta sus orígenes? Tu relato no responde, pero lanza al aire, de nuevo, la pregunta.
Me alegra pasar por aquì y encontrar nuevas cosas.
Amistades