En el momento supremo de esa madrugada en que el Señor Sun se encendió
y se inclinó sobre ella como hace una espiga llena de granos de arroz,
Hayku se asomó a lo más profundo del laberinto
de su Amado Arco del Mediodía
y vio al Samurai que siempre estaba allí en posición de meditación.
Siguió adelante y no encontró a nadie más.
Sonrió aliviada.
De pronto miró sus pies y los vio hundidos en agua.
Apoyó su mano en el muro del laberinto
y palpó la aterciopelada textura de los pétalos del Loto Sagrado.
Y su aroma.
Su aroma,
su exasperante aroma…
No el de ella.
Hayku no olía a Loto Sagrado,
ella olía a cedro, canela y almizcle.
Con los ojos cerrados,
empujó suavemente con su vientre la puerta del alma
de su Amado Arco del Mediodía
y muy pronto alcanzó la altura suficiente para ver
el laberinto desde arriba.
Y la vio.
Hayku sonrió con tristeza antes de saludarla:
Buenos días, Mitsuo.

Me ha encantado la frase “Con los ojos cerrados, empujó suavemente con su vientre la puerta del alma de su Amado…”
Y sobre los aromas no es necesario que haga comentario alguno, se perciben, sobre todo el de canela.
Un besito
Me han regalado un trocito de almizcle de la glandula del ciervo almizclero, Lo conservo como un tesoro , pero hoy he combinado un poco de el con un trozo de canela en rama y humo de cedro.. Y he recordado lo que has escrito. Que bello es… Un beso Melusina
¿Qué se puede decir, cuando un encuentro como este, llega a nosotros relatado con tanta belleza y suavidad?
Mejor es releerlo , cerrar los ojos y percibir esos aromas y esa intenciones de cada corazón.
Felicitaciones, muy hermoso