El Señor Sun despertó sobresaltado en la madrugada.
Hayku dormía.
Su lado del tatami era una solitaria planicie de nieve
El otro lado estaba tibio
Pasó su brazo por la sedosa cintura de Hayku que despertaba
y se preguntó por qué no podía amarla
Encendido,
el Señor Sun se inclinó dos veces sobre Hayku,
como si fuera una espiga llena de granos de arroz.
En silencio
Lentamente.
No puede amarla porque su otro yo es más fuerte y su corazón pertenece a otra, aunque creo que igual tiene sentimientos por Hayku.
Saludos, Malú