
Ahora los dedos del Señor Sun no alcanzaban su cabello,
las ruedas del cielo giraban sin ruido
y Mitsuo ya conocía a Kanto.
El jardinero del parque en que ella hacía la danza del Tai Chi.
Kanto cuidaba de los mirtos, los magnolios y los arces
que rodeaban la Isla de la Tortuga, llamada también Isla de la Longevidad;
tal vez por eso su edad era indefinida,
podía tener 40 o podía tener 80.
Lo mismo daba.
Al atardecer,
encendía una a una las seis lámparas Yukimi que había tallado en piedra,
y las seis llamas,
protegidas por el papel de arroz y las varillas de bambú,
no se apagaban hasta el amanecer.
Kanto era un hombre entendido en lámparas…
¿Harías para mí una lámpara Yukimi?, le preguntó Mitsuo.
El longevo jardinero Kanto que cuidaba los mirtos, los magnolios y los arces
que rodeaban la Isla de la Tortuga
aceptó tallar para ella una lámpara Yukimi.
Y La Esfera de Jade de Mitsuo honró la luz de Kanto,
el jardinero entendido en lámparas.
He leído algunos de tus relatos y como dicen varios comentaristas, has creado un mundo literario muy tuyo. Esa delicadeza tan acorde con el orientalismo de tus textos, todo en sugestiones, en aberturas, entre poesía y prosa, me parece excelente y poco común. No es raro que otra bloguera tan delicada como Dostospos te diera un premio. Por aquí volveré a leerte.
Espero que no te moleste si te pongo en mis enlaces.
Amistades
Leonardo
Dicho y hecho.
“El Imperio de las alegrías prohibidas no conoce el ocaso” Segalen.
Hola Niée, por fa sigue escribiendo, asi me llevas a un mundo imaginario muy lindo, cuidate y espero que estes bien y si estas de vacaciones escribe acerca del kiss bartender.
suerte atte carlos
por fa, Niee, sigue escribiendo que te necesitamos. Necesitamos ese mundo tuyo al que nos llevas. Es una delicia. Te queremos.