La señalética del mundo
se orientaba en esos días hacia el Señor Sun.
Mitsuo lo supo,
lo comprendió la primera vez que intentaron olvidarse:
El Señor Sun hacía lentamente la danza del Tai Chi, y a ratos tocaba ensimismado el laúd, cuando un pájaro entró por la ventana
estrellándose con la transparencia
de un biombo de papel de arroz.
Era un ave bonitilla y orgullosa que hizo todo lo posible por disimular el golpe y
se posó sobre el alfeizar, de espalda al hombre que la observaba.
Él sintió compasión y la impulsó suavemente hacia afuera,
pero ella hubiese muerto antes de marcharse lejos del Señor Sun.
Entonces él acarició la cola del ave.
Y fue a Mitsuo a quien acarició.
No fueron las plumas de un pájaro, sino una larga y negra cabellera en la que se enredaron sus dedos.
Y en consecuencia, ella voló de vuelta hacia el Señor Sun.
Este blog es un remanso de paz, Guardas un lugar magico donde respirar , sonreir y descansar. Entrare mas veces Quiero conocer al Sr Sun y quiero conocer mas tu obra. Un cariñoso saludo