INQUIETUD
Abril 28, 2008 por Niée

Mientras el Señor Malamado se perdía entre la gente y la Señorita Hayku lo buscaba para entregarle la esencia olvidada, él iba pensando en ella, tratando de entender por qué buscaba a una mujer que lloraba a mares cuando olía la albahaca y por qué había dejado olvidada la quinta esencia.
Es decir, él experimentaba una inquietud ontológica (1), después de todo no era para menos, Hayku le parecía muy diferente al Bombón Relleno de Té Verde que había amado unos años, seguramente ella no sería capaz de ofrecerle un momento como el que vivió una noche mirándola desde un sillón rojo.
Hay cosas que un hombre no puede olvidar fácilmente, entonces recreó sus deleites y retrocedió en el tiempo para recordar a la otra, constatando que lo que ponía a mil era que nadie sabía que eran amantes, y ese secreto fue para él un afrodisíaco más poderoso que el Ginkgo Biloba que por aquellos días bebía religiosamente mezclado con agua.
Así fue como se empecinó en la memoria de un lugar lleno de gente y en el roce de sus manos al saludarse; nada más, sólo eso, apenas un secreto ramalazo de emociones prohibidas y excitantes.
Hasta entonces él no había descubierto los placeres privados que, sin tocarse un cabello, un hombre y una mujer con imaginación pueden obtener en un lugar público y tomó discreta ubicación en un sillón rojo, de espalda a los que comenzaban a bailar, y se dispuso a charlar con un ejecutivo que buscaba negocios.
Simultáneamente, ella respiraba el opio que era la música y se movió lento, del mismo modo en que un péndulo recorre la cadencia de un Chillout combinado con tango.
Sin verla, el Señor Malamado oyó claramente Queremos paz, más la sedosa fricción del vestido y la respiración contenida, y aunque los dioses saben que trató de concentrarse en la conversación de negocio, acabó por rendirse, soltó un poco el nudo de la corbata, encendió su purito Reig y giró el sillón rojo para quedar de frente a un sofisticado primer plano de gente congelada tras la cortina de humo; y complacido, observar en el fondo a su amante bailar sólo para él.
No, la Señorita Hayku no era un espíritu tránsfuga ni complejo como Cuenco de Jade, y sin embargo, se daba cuenta de su clara tendencia hacia esa naturaleza sencilla.
Aún así, y después del completo estudio comparativo, decidió no volver jamás a la Morada de Hayku.
(1) Inquietud: “(…) aquello que nos concierne y que nos incita a la acción, reconocimiento de una situación primaria de insatisfacción, de desasosiego, desde la cual actuamos.” (Echeverría, Rafael, Ontología del Lenguaje, JC Sáez, Santiago de Chile, 2003)
Niée, el otro día me pasé por aquí y me pareció ver, ahora no sé si estoy equivocada, “el fin de la tregua”. El caso es que no lo encuentro…¿dónde está Daimon?
Ya me he dado cuenta de que últimamente estás muy fructífera, debe ser que te llevas mejor con los personajes exóticos que con los ángeles caídos, je,je.
Un saludo