LA QUINTAESENCIA DEL SEÑOR MALAMADO
Abril 27, 2008 por Niée

Dudaba el Señor Malamado en preguntarle a Hayku por qué había emigrado, pero sí le explicó que buscaba una esencia cuyo aroma fuera capaz de atraer clientes desaparecidos a su restobar.
Como usted, por ejemplo, insinuó con su clásica cortesía oriental.
Y así Hayku se enteró que hablaba con el dueño del Tercer Lugar…
¿El Tercer Lugar?, preguntó extrañado, así no se llama mi Restobar…
Es cierto, dijo Hayku disponiendo decenas de frasquitos de esencias frente a él, pero así le llamo al lugar que no es mi casa, ni mi lugar de trabajo, pero que sí es un…
Hayku no alcanzó a terminar la idea, porque el Señor Malamado que estaba algo tembloroso casi deja caer una de las esencias que tomaba en sus manos y después de cogerla en el aire con un ridículo malabar de circo, quiso disimular su embarazo preguntando azorado cómo actuaban sobre las personas las esencias aromáticas.
Hayku le explicó que cuando se huele algo evocamos la memoria emocional, y esa es la razón por la que a veces, cuando ella va por una calle y desde una ventana viaja aroma a albahaca, recuerda cierto pastel de choclo y un afecto perdido a los doce años, entonces le da por llorar.
De hecho, sólo recordando el aroma, los ojos de Hayku se humedecieron y el Señor Malamado que se confundía tremendamente cuando una mujer lloraba, temió un inminente desastre, carraspeó incómodo y miró para todos lados.
Se produjo entonces un silencio incómodo, mientras el Señor Malamado tomaba nota de que Hayku era una mujer “en extremo sensible” y ella observaba que además de soñar, últimamente estaba llorando sin cortapisas; no obstante, como él no quería irse, decidió tomarse más tiempo en comprarle a Hayku otras cinco esencias además de la de Bergamota destinada a embalsamar su spleen, a saber:
Anís para vaciar la mente; Cedro para encontrar sosiego; Sándalo para que levitaran simultáneamente el espíritu y el alicaído sexo; Lavanda para espantar pesadillas de la almohada y Mirra para calentar el aire en otoño.
El Señor Malamado salió finalmente de la Morada de Hayku con los frascos de esencia, más un bello difusor de jade y siete pequeñas velas. Unos minutos después, Hayku ordenaba los frascos para guardarlos en el anaquel y vio la pequeña botella de Mirra sobre el mesón, era la quinta esencia que el Señor Malamado había dejado olvidada con premeditación y alevosía.
Ella salió de prisa a través de la puerta morada para entregársela, pero él había desaparecido en el estrecho dédalo del Patio Colonial.