LA MORADA DE HAYKU
Abril 25, 2008 por Niée

Él no era diferente a millones de personas, estaba acostumbrado a moverse entre certezas y no se sentía cómodo en el encuentro con arquetipos y símbolos de un imaginario mitológico o esotérico; en el fondo se definía a sí mismo como “un chico de pueblo”, aunque hubiese desarrollado algunos refinamientos de la carne y el espíritu.
Creía en la belleza de la simplicidad; amaba la línea clara de una estética fundada en la economía de recursos y ornamentos, y en ese contexto, una puerta morada resultaba inquietante, por decir lo menos, en circunstancia que jamás había imaginado una que no estuviese barnizada en un sobrio color caoba.
Sin embargo, creía en la Fatalidad y en sus adorables matices, una parte de él era limadura para el imán de vivir al filo, por eso consideró que habiendo cruzado el pórtico, también podía cruzar la puerta morada.
Una campana china y cinco monedas de la fortuna tintinearon al empujar la entrada a la Morada de Hayku, y una vez en el interior pudo ver a la Señorita Kuei exactamente donde la había imaginado desde su migración: en un lugar luminoso, cálido y aromático.
Ella volteó a mirarlo y, después de unos segundos de silencio, sonrío cortesmente y le hizo una oportuna pregunta:
¿Busca una esencia Señor Malamado?