CRUZANDO EL PÓRTICO
Abril 24, 2008 por Niée
El Patio Colonial era un antro de mercaderes exquisitos, no era raro encontrar allí Leche de Cleopatra; jabones de leche de cabra y chocolate; humus del Valle del Elqui; piedras de Jade o Lapislázuli; bruñidas fuentes de cobre; un concertino interpretando a Dvorák como los dioses; estatuas vivientes; pintores, cuadros e instalaciones de arte, y hasta podían verse bellos transformistas presentando la performance de una Vendimia Gay en un cuchitril con escenario, luces y telón rojo sangre.
El que nunca había estado allí, cruzó el pórtico a toda prisa para no perder a la Señorita Kuei, y tuvo que detenerse con un pie suspendido en el aire, para no aplastar tres círculos concéntricos de barquitos de papel apostados sobre las piedras del piso.
Era tarde cuando se dio cuenta que estaba parado en un territorio que limitaba peligrosamente con su único temor; aún así, de una zancada superó la flota de papel y toda la miríada de comerciantes susurrándole senderos alternativos a Descartes, caminó unos pasos y quedó inerme frente a una puerta morada.
Sobre ésta, un cartel rezaba:
“LA Morada de Hayku: esencias aromáticas”