AUSENCIA DE BAMBÚ
Marzo 31, 2008 por Niée
Cuando pasaron tres semanas sin que Hayku volviera al Tercer Lugar, el Señor Sun la extrañó, y sus ojos involuntariamente fueron y vinieron de los ventanales que daban a la terraza, al mar y a la mesa en que todos los días se sentaba a escribir.
Ciertamente ella nunca se había ausentado tantos días, apenas una semana en el último verano, y era inútil buscar su dirección, puesto que el nombre que había dado a Hayku no era real más que para él. Sin duda, no encontraría a ninguna Señorita Kuei en la guía telefónica, y tuvo que lamentar no haberle preguntado su nombre cuando cataron juntos un sorbo del Malamado.
A ultranza, decidió buscarla sin tener claro el motivo ni la forma, lo cierto es que la fugacidad de los momentos que había compartido con ella no le daban más que algunas pistas:
La Señorita Kuei escribía, probablemente era escritora, periodista, traductora o maestra.
La Señorita Kuei bebía café fuerte y amargo, con algunas notas picantes, en particular desde que él le llevara a su mesa un Cardamomo Express; luego, era probable que frecuentara otros cafés donde usaran semillas de cardamomo.
La Señorita Kuei gustaba de los aromas y del vino, él había notado el estremecimiento en las aletas de su nariz al reconocer el final especiado del Malamado, lo que probablemente la hacía una conversadora de atenta escucha.
También había observado en ella algo propio de los que alguna vez practicaron la danza del Tai Chi: la señorita Kuei se movía a una velocidad distinta a la del resto de la gente y se detenía de improviso como una pagoda suspendida sobre un río amarillo; era tan sigilosa su presencia que nunca pudo observar el momento exacto en que llegaba al Tercer Lugar y, menos aún, el momento en que se iba.
La señorita Kuei tenía tatuados unos diminutos caracteres del hiragana entre la base del cuello y el nacimiento de su cabellera negra. Cómo olvidarlo, si él rozó esos signos con los labios y alcanzó a sentir la triada del cedro, la canela y el almizcle combinados en un solo acorde con su espalda, por lo tanto podía asegurar que algún tatuador recordaba esa espalda y, que no podría encontrarla sino en un lugar luminoso, cálido y perfumado.
La mujer a la que él llamaba Señorita Kuei era delgada, alta y flexible como un árbol de bambú, lo que la sensibilizaba al frío más que otras mujeres y la predisponía a buscar en el otoño un lugar al abrigo del viento.
Pensaba que no sabía mucho, pero en rigor sabía demasiado, con esa información se puede iniciar la búsqueda de una persona e incluso se tiene mayores probabilidades de encontrarla que si se cuenta con la dirección de una casa o el número de una cuenta bancaria, y con todas esas pistas, el Señor Sun trazó un mapa para hallarla.

Niée me lo voy a tener que tomar con calma y disfrutarlo: has creado tu propio universo creativo.
Me ha ayudado mucho leer tu perfil, el punto de partida y los pilares de tus relatos.
Besos
Un saludo Aster, me alegra mucho que disfrutes de un mundo narrado al que sólo los lectores dan sentido.
Cuidat molt,