PRUEBA DE FUEGO
Marzo 28, 2008 por Niée
El Señor Sun no pudo menos que ver la relación costo - oportunidad cuando una conocida Bodega le ofreció hacer para sus clientes un curso de cata en el Tercer Lugar, con el objeto de promocionar sus nuevos vinos y de paso hacer negocios.
Así fue como dejó una invitación en cada mesa del restobar y Hayku encontró la suya cuando llegó una mañana a ocupar su mesa habitual. Ella apreciaba el vino y tenía una marcada vocación para el aprendizaje de diferentes disciplinas, de modo que le resultó fácil interesarse por aprender más acerca del vino y llegar puntualmente al Tercer Lugar una noche después.
Cuando entró, El Tercer Lugar lucía nimbado por un resplandor amarillo, así como las copas, los cubiertos acechando el queso azul; las botellas negras de Cabernet Sauvignon, Merlot, Carménère, Malbec, Pinot Noir; las ambarinas de los Chardonnay, Sauvignoc Blanc y las de esos amistosos vinos de cosecha tardía que ella solía beber acompañado de un pastel árabe de naranjas e higos.
Practicando la constructivista didáctica de aprender haciendo, en este caso bebiendo, el enólogo experto enviado por la Viña acompañó a Hayku y a los demás aprendices a un embriagador recorrido por los conceptos de complejidad y redondez; taninos elegantes y aterciopelados; cuerpo que llena la boca; caldos que nacen; mostos secos y abocados; armazón del vino; aromas terciarios y punzantes, crianza y maceración.
Avanzada la noche, un hombre que no era el experto, pero al parecer sabía bastante, ofreció enseñarle a tomar la copa para apreciar la intensidad del púrpura de un vino que llamó Malamado.
Para entonces, Hayku ya navegaba a sotavento en una barca que se parecía demasiado a una barrica de roble francés, cuyas velas, igual a esas de la barca de Cleopatra cuando salió de Alejandría, acusaban de lejos aromas a ciruelas maduras, chocolate negro, canela y nuez, pero aún así, valiente ella, tomó la copa grande y abombada que le mostró el misterioso maestro para seguir sus movimientos.
En sincronía con él, Hayku tomó la base de la copa con la punta de los dedos, la inclinó a ras de la mesa y hacia el frente, haciendo un ángulo de 45 grados, así en el vértice, pudo apreciar el color más insolente que ni en sueños imaginara brillar de ese modo sobre una servilleta blanca.
Pero, no se detuvieron allí, y después bebieron un sorbo manteniéndolo en la boca, aspiraron aire para apreciar como se desprendía el aroma desde la superficie; hicieron girar la copa; agitaron el vino de izquierda a derecha para emancipar aromas tímidos, y aspiraron lentamente.
Luego, guiaron el sorbo que guardaban en la boca hacia las papilas gustativas dulces de la lengua, luego hacia el centro, a los costados y debajo de la lengua, donde se encuentran los sabores ácidos, e incluso lo llevaron más atrás, para poder apreciar los amargos.
Finalmente, se quedaron atentos a la perduración en el paladar y en el olfato, así como a las sensaciones que les llegaban en caravana desde los ojos, la nariz y la boca.
Unas horas más tarde, después de despedirse de cada uno de los invitados, del enólogo y sus asistentes, El Señor Sun encendió su purito Reig de siempre, y bebió satisfecho lo que quedaba del Malamado en su copa, había sido una prueba de fuego y podía emitir sus notas de cata:
La Señorita Kuei estaba bien estructurada, tenía armonía, retrogusto con recuerdo intenso y persistente y, lo mejor, un paso de boca aterciopelado:
noble, fino y suave a la vez.
