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EL SEÑOR CHION

El señor Chion no era el clásico anciano de larga barba y piel como pergamino  del Mar Muerto, era en cambio un hombre de mediana edad, con delicados rasgos orientales, que gozaba moderadamente de la vida, y de quien brotaba la alegría como agua de un resquicio en la roca, pura, fresca y transparente.  Continuar leyendo »

DÉJÀ VU

La señora Hu no viajó sola en su palanquín, la llevaban cuatro porteadores y la acompañaba la más joven que, aunque Afrodita se negara de plano, suplicó ir en un viaje que comenzó para el solsticio de verano. 

El valle se hundía profundamente en las montañas; un sol anaranjado lo besaba todo el día, y la flecha líquida de un río turbio lo atravesaba de extremo a extremo. Las viñas trepaban sin cortapisa por los cerros, y los olivos ofrecían a los enjambres de campesinos millares de aceitunas en bandejas de hojas.

Conforme se internaban en el valle, el viaje hizo con ellas lo que Continuar leyendo »

EL GRITO

 

Desde que notara su debilidad, la más joven comenzó a escuchar tras la puerta de la habitación de su maestra, y fue un día de esos en que el dragón de la fortuna tardó un poco en atravesar la puerta del cielo, cuando logró por fin oír una conversación interesante: Continuar leyendo »

LOS AÑOS DE BAMBÚ VERDE

La madre de Afrodita era una mujer sin dios, aunque en honor a la verdad debiera decir que adoraba a un ser curvo, irregular y oscuro al que ella llamaba amorosamente “mi hermana”.

Esa mujer fue la maestra de la señora Hu en sus Años de Bambú Verde… Continuar leyendo »

LA TRADICIÓN

Así las cosas, la más joven pidió a la señora Hu que continuara su educación, y soportó la alegría de su maestra, que habiendo protegido por años a los niños de la escuela de las misioneras franciscanas, se inclinaba respetuosamente ante el oficio de educar.

Ella sentía una punzada de culpa al recordar Continuar leyendo »

SABIDURÍA

Afrodita conocía bien la naturaleza femenina, tal vez por eso percibió la vibración que emitía la más joven e intuyó el sentimiento que profesaba a la señora Hu. Y no se equivocaba, la odiaba del modo ardiente y subterráneo en que una mujer odia a otra mujer. Sin embargo, Afrodita no imaginaba que muchas veces, incapaz de soportar la tensión de sus sentimientos, la más joven se revolvía en el lecho sin poder conciliar el sueño, mordiendo las sábanas para no matarla esa noche.  Continuar leyendo »

OFRENDAS

Absorta en el misterio, la señora Hu daba un paseo por el Séptimo Patio. En horas tan tempranas todo estaba en calma, todo era bueno, seguro y placentero: el ginko biloba practicaba la milenaria ceremonia de inclinarse ante la brisa; los pájaros se abandonaban al inocente juego de ser pájaros; el gato, de naturaleza alerta, mantenía fijos sus ojos amarillos en la sombra del único ser humano al que concedía el honor de acariciarlo, y todo eso ocurría mientras ella se aproximaba a un abismo de pensamientos, olvidada del dolor que todos los días volvía para morderle el cuerpo.

Casi a punto de distinguir el rostro velado de cuatro figuras que avanzaban por un páramo portando un palanquín, no escuchó el castañeteo de los dientes de leche de la niña sacrificada al sol en una montaña de Los Andes, ni su mano invisible tirándole el vestido para advertirle, y tampoco reparó en Luis, que había abandonado el armario para llamarla frenéticamente con la mano desde una ventana de su cuarto.

Estaba lejos, abstraída en el enigma de los porteadores del palanquín, y sólo regresó al sentir que algo caía blandamente a sus pies. Continuar leyendo »

EL PALANQUÍN

 

Lejos, muy lejos del señor Hu aunque vivieran tan próximos, en ese nivel de conciencia cada vez más sutil y luminoso al que la llevaba el té prohibido, la señora Hu repentinamente vio que su cuerpo era un palanquín que trasladaba a una pasajera en constante metamorfosis. Continuar leyendo »

ROSA PRISTINA

Rosas de Álvarez Aravena

Tras una larga noche de insomnio en que contó uno a uno los puntos de luz que se dibujan en el negro universo del desvelo, el señor Hu decidió que era tiempo, y a primera hora de la mañana, la más joven lavó y vistió el cuerpo del hombre que se beneficiaba de ella sin verla, y le ofreció un cuenco de leche endulzada con miel que él rechazó.  Continuar leyendo »

EL SILENCIO DEL SEÑOR HU

temporal

A través de la historia del odre de los vientos que recibiera Ulises para regresar a Itaca, Afrodita me entregó una interpretación mítica para la palabra latencia. Entonces, imaginando el sobrecogedor instante que precede a un temporal de viento y lluvia, pude comprender el mutismo del señor Hu ante lo que ocurría en su casa. Continuar leyendo »

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